Cuando somos chicos tenemos tantas ganas de ser grandes. ¿Y cuando somos grandes? Sí, tantas ganas de volver a ser chicos, ¿pero porque?
Porque cuando somos chicos pensamos que los grandes lo solucionan todo, que siempre están contentos, que pueden hacer lo que se les de la gana y que nadie nunca les dice que hacer. Pero no es así, porque cuando creces te das cuenta de muchas cosas que antes no querías. Y te duele, te molesta, te ponen de mal humor, pero es así.
Porque los problemas ya no se solucionan con lágrimas, porque las lágrimas ya no se solucionan con abrazos, porque los abrazos junto con un "perdón" ya no solucionan las peleas, porque las peleas no siempre se solucionan, porque las soluciones nunca son fáciles. Y porque duelen, porque el dolor ya no es sólo físico, porque a veces pensamos "ojalá fuera físico", pero no. Es peor, es sentimental, duele adentro y duele mucho y no se cura con una curita, se cura con cosas que a veces, nunca llegan.
Por eso, a mis hermanos, a mis primos, a sus amigos, a sus conocidos, a todos aquellos que todavía son chicos, disfruten, jueguen, lloren, abracen, peleen, pidan perdón, sean chicos. Porque sólo les aseguro algo, cuando la niñez queda atrás, nunca vuelve.